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El mismo amor, los mismos derechos. Y con el mismo nombre.En pleno Siglo XXI es absolutamente retrógrado, y además inhumano, que se esté condenando a buena parte de nuestros compatriotas a una existencia ilegal, con todas las trabas e inconvenientes que eso acarrea, tanto para las parejas como para los hijos e hijas.
Los y las que apoyamos las luchas históricas por los Derechos Humanos debemos tomar con fuerza esta bandera, que es la bandera de la igualdad ante la ley y del respeto a la dignidad humana. Y que establece el amor como fuente de derechos, ni más ni menos.
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